viernes, octubre 15, 2004

Mi vecino, el señor H.

El señor H es mí vecino, y aunque lleva viviendo en el mismo apartamiento desde hace unos sesenta años, poca gente del barrio lo conoce. Yo mismo, lo vi por primera vez hace una semana. La cosa fue así:

Estaba yo en mi sofa, con mis cervezas, viendo un programa sobre las víctimas de la carretera cuando sonó el timbre. Eran las cuatro de la madrugada, así que pense que la liga de la defensa de la mujer por fin había dado con mi escondite. Pero no, en la puerta me esperaba un entrañable viejecito, de pelo blanco y bigotito amarillento. Vestia un albornoz rojo con cruzes indias estampadas y unas botas militares recien enlustradas. El tipo me miraba.

No se quede aquí mucho tiempo. Podría morirse y seria yo el que terminaría comiendose el marrón.- le dije con mi tono más educado al fósil.
Perdona... pero se me ha terminado la ¡SENF!- mr.H tiene una forma muy peculiar de hablar, al pronunciar la última palabra de una frase pega un grito.
Uh... Senf?- yo no se hablar ruso, inglés sí, pero ruso...
Mmm... ¡SENF!. Esto... creo que se dice ¡MOSTAZA!
Usted es el señor H, mi vecino no?- le pregunte medio aturdido por su petición.
Sí, y ahora responde... tienes mostaza o ¡NEIN!?
Sí sí. Pasa campeón y ayudame a buscarla.

Entramos los dos en mis aposentos. Le dije que buscara la mostaza por la cocina, que yo hecharia un vistazo en en el sofá. Media hora más tarde apareció mr.H con un tarro verdoso.
-Ya lo ¡TENGO!- alzó el bote de mostaza con el brazo derecho.
- Que bién! Por que no escurres el bulto y te mueres ya?
- Quieres unas würtschen con ¡MOSTAZA!?- odio a la gente mayor que se aburre y entra en mi getho para tocarme la moral.
- NO!
- Tengo ¡BIER!- soy poco sensible con la gente de la tercera edad, pero una cerveza gratis no se la rechazó ni a Ghandi.

Así que entramos codito con codito al escondite del famoso H.

El pisito del vejete es muy cutre, paredes de terciopelo rojo, moqueta roja, lavabo rojo; y todo lleno de esas cruzecitas indias, como las que llevaba en el albornoz. Y claro, como el tio es un miembro de ese estamento hediondo, la tercera edad, pues tiene la casa llena de fotos de su juventud. Tuve que tragarme el rollo y escuchar al muerto; que si aquí estoy en el 39 con mis amigos de acampada en Polonia, que si esto es en Paris, bla bla bla. Lo único que estaba bien de esas malditas fotos eran los trajes, antes los hombres vestian con estilo, chaquetas bien cortadas de color negro, pantalones un poco abombados también negros, botas, y unos sombreros con calaveras muy chulos. Creo que el H fue un funcionario de algun pais de este, no se si Polonia o algo por el estilo.

Weno, después de la exposición me paso unas cervecitas y nos sentamos en el sofa a ver unas peliculas que tenia el vejete por allí. Dios que asco! Me pase tres hora mirando un aburrido documental en blanco y negro sobre uns soporiferas olimpiadas de hace tropocientos años, y no había ni patatas fritas. Al menos la cerveza era alemana, como a mi me gustan.

Cinco o diez cervezas más tarde decidí largarme e irme a vomitar en mi casa (soy un tipo muy educado). Le di las gracias al vejete, le robé treinta euros y me despedí. Me invitó a volver cuando quisiera y me prometió presentarme a un amigo suyo que era cantante y que no se que problemas tenia en la cadera.

A que mola mi vida?

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