Predicando la palabra
Como ya es habitual en mí, ayer tuve una experiencia mística.
Andando por mis calles me tope (o se cruzó en mi camino), con un testigo de jeohva. Como era de esperar el tipo parecia ( y era ) un desquiciado.
Me abordo diciendome: conoces la palabra?
Yo le conteste que evidentemente la conocia. Si no, nuestra comunicación sería inexistente.
Con el cerebro demasiado abotargado para entenderme, empezo a soltarme un sermon.
Esta vez la cosa trataba sobre la adolescencia.
Que si en esta época de cambios, los jovenes eran propensos a torcerse y todo eso.
- El señor quiere que todos maduremos y por eso pasamso por estos cambios.- me dijo.
- Pues si Dios nos provoca el acné y las poluciones nocturnas, es que el tipo es un poco cabrón. No crees?- Le contesté.
Su rechoncha y sudorosa cara pasó del blanco al lila en pocos segundos.
- Dios es grande. Él nos pone pruebas duras para que nos ganemos un puesto a su lado en el cielo.
- Cuando dices grande te refieres a gordo?
Eso lo descolocó aún más. El tipo no estaba tan versado en la bíblia como para responderme eso. Así que me dijo:
- Dios está en todas partes-
- Eso quiere decir que esta más gordo de lo que creía.
Cogió la biblia con una mano y me la puso delante de la cara. A modo de escudo.
- El demonio, eres el demonio! Apartate de mí, hijo de satanás!- chilló enloquecidamente.
El tipo empezaba a parecer peligroso. Sus ojos se movian sin parar y de su boca salian hilillos de saliva.
Se apartó un par de metros. Y en la distancia, me arrojó la bíblia en la cabeza.
El muy perro acertó en mí bella y morena frente, haciendome perder el conocimiento.
Aquí es donde empezó mi éxtasis místico.
Vi como volaba entre las nubes. Una melodia New-Age me acompañaba mientras subía hacia la cúpula celeste.
Allí, entre esponjosas nuves de algodón, me encontré cara a cara con un viejo de largas barbas y grande barriga.
- Hola, soy Dios- me dijo con voz ronca y pausada.
- Oh.. es un placer- nos estrechamos las manos.
Dios llevaba un vestido al estilo pre-mama, ancho y aireado, y unas gafas Ray-Ban. Un Rolex de oro en el brazo derecho, y unas chancletas de playa de color azul.
- Y que haces por aquí? - me preguntó.
- Pues si no lo sabes tu.........
Como más le miraba más me recordaba a el protagonista de El Gran Lebowsky.
- No nos hemos visto antes? le pregunté.
- Bueno chico- me contestó condescendiente- ya sabes que todos estais hechos a imagen y semejanza mia.
- Hasta Tamara o la Duquesa de Alba?
Eso le hizo reir. Y es que en situaciones como esta, me pongo muy chisposo.
- A veces uno comete pequeños errores.- respondió sonriendome.
- O sea que no eres infalible como se dice ,no?
- Lo que pasa es que soy un poco vago. Sabes lo del hambre mundial?
- Si, par algunos es un gran problema. - respondí.
- Pues lo que pasa es que me da como pereza lo de repartir comida por el mundo. Es un trabajo que pide demasiadas horas. Y yo prefiero ver la tele.
Nos moriamos de risa los dos. Y es que cuando quiere, Dios sabe pasarselo bien.
Unos minutos más tarde nos despedimos y nos prometimos continuar en contacto.
De vuelta a la tierra decidí predicar la palabra de Dios por el mundo . Y me uní a los testigos de Jeovah, que por lo que se ve son de sus amigos favoritos.

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