Mi pequeña guerra privada contra el mundo.
Yo, andando por la calle y leyendo un fanzine erótico-festivo. Tropiezo. Me reincorporo. Visualizo el objeto de la caída. Es una vieja, de pelo caoba al estilo 'supremes',y con demasiados quilos de más. Se le ven las bragas.
- Perdone.... yo... no me he dado cuenta..- le digo mientras intento levantarla.
Me mira y gira los ojos hacia la revistita para adultos, que muestra a una bella y voluptuosa rubia abierta de piernas. Su cara se convierte en una grotesca mueca de horror.
- Que me violan! Que me violan! - vocea la descontrolada vieja.
Algo tira de mi camiseta. Me giro y un niño de unos catorze años, con aspecto de border-line, intenta apartarme de la madurita enloquecida.
-Deje mi auela . Deje mi auela....- repite una y otra vez.
Viendo que no me separo de su amada bola de grasa, se abalanza sobre mi. Lo aparto de un codazo. De su nariz salen ingentes cantidades de sangre.
- Mas defigurao! Mas desfigurao!- chilla el hijo de Down.
Al ver a su nietecito sufrir, el vejestorio empieza a sufrir convulsiones.
Para joder aún más el asunto, un parapléjico en silla de ruedas irrumpe en la escena.
- Pero que coño pasa aquí?- el minusválido me coje el brazo y tira hacia él. Yo, aparto con fuerza mi antebrazo. El specialolímpics cae sobre la anciana espasmódica. El espectaculo es dantesco
- Que los hace copular. Ay que copulan!- grita el ensangrentado retardado.
Doy gracias a Dios al ver que un urbano se acerca.
Perplejo ante semejante cuadro, el pitufo posa su mano en la pistolera.
- Me-cagon-en tus-muertos-yonqui-de-mierda. Te-voy-a-.........- Sin darle tiempo a desenfundar, me doy a la fuga.
Oigo al azulito persiguiendome y cagandose en mis difuntos. Al ver que me alejo empieza a disparar. Me parapeto detras de un testigo de Jehová que pasaba por allí. Al pobre cabrón le impacta todo un cargador.
- Tu sí que te vas a desangrar fanático lobotomizado!- le grito al estúpido mamón antes de lanzarme hacia el sprint final.
Corro tanto como me permiten mis saturados pulmones. Venga, un poco más y ya estoy en casa! Agarro la puerta y entro. A salvo.
Y es que hay días,en los que es mejor quedarse en casa.

1 Comments:
Imagínate al soldador epiléctico.
Se sienta en la misma butaca de siempre, esa de mimbre deshilachado que tan poco le gusta. Pero se la regaló su absorvente y ya fallecida madre, y a falta de pan beberemos agua, o algo así repetía día tras noche su abuelo ciego. A las ocho en punto acaba de leer el periódico de ayer - es una manía suya eso de enterarse de las cosas cuando ya han sido digeridas por el medio mundo que lee el periódico - y se levanta. Bebe el vaso de leche con azúcar y ya se ve con fuerzas suficientes como para comerse el mundo. Y lo hace. Se acerca a su preciada máquina de soldar y le quita el polvo que en tan sólo doce horas ya se ha asentado sobre ella como quien no quiere la cosa. Abre la válvula y se enciende un cigarrillo. Aspira el humo y mientras sus sentidos gozan sus manos se centran en retirar el perno del cuerpo de la válvula de la posición c. El humo es expulsado de entre sus labios del mismo modo en que Juanjo se desliza desde las mantas hasta el suelo cada mañana y... sí, ahora le toca aflojar los restantes pernos. Bascula hacia fuera el cuerpo central y ¡mierda! ¡Cigarrillo al suelo! Y es que la vida es fácil pero incierta, y la epilepsia complica siempre las cosas. Es un hecho y derecho se tira al suelo mientras la espuma rocia las racholas de marfil que su ex mujer insistió en instalar antes de marcharse a Cuenca con un tal cubano. Y la pistola de soldar se dispara igual que se dispararon las balas la noche en que Juanjo asistió al funeral de su madre en su ciudad natal, Cuenca.
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