lunes, octubre 18, 2004

Oronda camarera

Dios que asco. Ayer presencié un acto más desagradable que cagarse en la sopa. Estaba celebrando un aniversarió con unos coleguillas. El local era un antro, pero como todos los locales de mala muerte, era barato. La camarera era como tres, gorda, gordísssssssssima. Creo que si pedias jamón se lo cortaba ella misma de los muslazos.
Al finalizar el segundo plato, aterrizó el pastel, desagradable y fofo como la camarera. Mi amigo, aireando su retardo mental a los cuatro vientos sopló las velas. La foca se llevó el pastel para cortarlo. Media hora después llegó con las porciones individuales de tarta. Llevaba tres platos en cada mano, y debido a su mórbido sobrepeso, no andaba muy derecha; sus desagradables contoneos la obligaban a agarrarse a los platos, y por lo tanto a meter sus súcias zarpas en la crema del pastel. Y ahora es cuando llega la vomitona: al amerizar en la mesa se pasó los platos a su brazo derecho, y antes de servirnos se lamió sus gordos dedos, uno a uno y con gula. Mis amigos y yo no poiamos dar crédito al espectaculo. La muy viciosa se paso un minuto relamiendose los dedos con lujuria. La muy puta podria haber salido en Seven.

No hace falta decir que nadie comió pastel, y que aún menos gente dejó propina. La muy marrana me jodió como no me habián jodio desde que me quitaron las ruedecitas de la bici. Y es que hay dias que uno preferiria ser una húmeda y pastososa mierda.

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